25/05/12

17. Tres sueños con interpretación

1. TRANSFORMACIÓN

Iba caminando por el puente con un grupo de amigos. De pronto vimos un pequeño tiburón botado en la acera, que aleteaba y amenazaba a la gente con sus colmillos largos y filosos. Me adelanté al grupo para acercarme a él, y me miró fijamente; de pronto salió una pequeña anguila de su interior, y luego murió. Tomé el cuerpo del tiburón con una manta blanca y lo eché al río. Lo mismo hice con la anguila, que ya se convertía en una mantarraya con dientes redondos, pero ésta comenzó a comerse la manta, así que alcancé a echarla al río antes que se comiera mi mano. En el río había enormes esqueletos de dinosaurios y submarinos amarillos con logos de Google haciendo viajes turísticos. De unos árboles gigantes cayeron tres pájaros negros al agua. Los lobos marinos tenían alas de murciélago y sobrevolaban la costanera. Las nubes se ponían negras...

El puente simboliza el cruce de un lado a otro, un proceso de cambio. El río es el flujo de vida, la metáfora del modelo Kawa, donde se funden el pasado (esqueletos) y la búsqueda de un futuro (submarinos con logos de Google). El tiburón es el Yo (Ego), porque debo salir del grupo para acercarme a él, como la figura delante del fondo (teoría de Gestalt). Y este Yo abandona su apariencia "peligrosa" para convertirse en algo más bien "inestable" (anguila-mantarraya). A esta transformación le doy un carácter sagrado (mantas blancas) y la hago parte de mi proceso vital (echar al río). Los pájaros, lobos con alas y nubes negras son parte de esta transformación inestable.


2. OH CAMILA


Llegué a la U y entré al auditorio, que estaba lleno de gente, porque estaban en algún consejo superior. De pronto apareció la Camila, que se sentó al lado mío, me dio un apretado beso y me tomó la mano. Después de la impresión comprendí que era mi polola. Me dijo que saliéramos de esa tontera y nos escapáramos a un lugar. Nos levantamos y salimos corriendo tomados de la mano. De todas las salas se abrían las puertas y salían chicos y chicas que trataban de agarrarnos, pero no nos alcanzaban. Saliendo del edificio llegamos a mi escuela. Entré y ella se quedó afuera. Adentro había un montón de bicicletas y preparaban un escenario en la sala del fondo, que daba a la calle, pero yo no podía pasar con todas esas bicicletas. Así que salí, pero la Camila ya no estaba.


Camila Vallejo es una estudiante de la Universidad de Chile y presidenta de la JJCC, recordada por su gran liderazgo durante el movimiento estudiantil de 2011 y por su increíble belleza. Que ella fuera mi polola y el correr tomados de la mano son, obviamente, fantasías románticas que después se desvanecen. Escapar del auditorio es escapar de una decisión o responsabilidad, lo que es reprochado por una parte de mi inconsciente (personas que tratan de agarrarnos, como en la película "Inception") pero aprobado por otra parte (ella). El escenario en mi escuela es una vista hacia un futuro laboral de altas expectativas, pero no puedo acceder a él por las bicicletas (¿verdaderos deseos? ¿temores? ¿prejuicios? ¿necesidades?), que están estancadas, aunque apuntan a todas las direcciones.


3. EL SUPERHOMBRE


Llegué a la sala, pero estaban todos los asientos ocupados, así que salí a buscar uno. En el pasillo me topé con un hombre alto, rubio y musculoso, que me dio una silla y me dijo que entrara nomás porque él iba a buscar la suya. Yo entré y me acomodé, y al poco rato llegó él con su silla, pero estaba desnudo. No pude evitar mirar su cuerpo brillante y musculoso; su pene era tan grande que le llegaba a las rodillas. Me dio risa, pero nadie más lo notó. Empezamos la prueba, y yo escribía lentamente porque no sabía mucho en realidad. Miré a la ventana, y cuando volví a mirar la mesa, me di cuenta que el superhombre había cambiado nuestras pruebas y yo tenía la suya. Estaba toda resuelta y estaba bien, sólo había dejado en blanco su nombre, que yo escribí imitando su letra. La profesora recogió las pruebas y me miró extrañada, pero me hice el leso. El superhombre me dijo que no me preocupara, que si había algún problema, él lo iba a resolver.


El contexto de la prueba es, literalmente, un periodo de pruebas en mi vida, para las cuales no estoy o no me siento preparado (llegar tarde, no saber mucho). El superhombre es un "animus" o símbolo que representa"hombría", no sólo como fortaleza y potencia sexual (cuerpo musculoso y pene enorme), sino también como fuerza intelectual (resuelve la prueba primero que yo). También se comporta como mi "alter ego", porque es totalmente diferente a mí, pero se intercambia conmigo en la prueba, lo que además simboliza hacer trampa o quebrar una norma, lo cual yo apruebo (me hago el leso ante la sospecha de la profesora). Finalmente se ofrece para defenderme de algún problema, lo que demuestra valentía y astucia, oponiéndose a mi propia inseguridad.

15/05/12

De artes y oficios

Andaba otra vez por las calles de Valdivia, vagando lentamente, respirando ese aire enrarecido por la reciente lluvia y el humo de los edificios. Daba una de mis acostumbradas vueltas, casi de memoria, pero esta vez fui a dar a uno de esos locales en Chacabuco, donde venden papas fritas. Me compré unas, qué tanto, si no tengo nada mejor que hacer; hay quienes dirán que soy afortunado, pero a veces me aburro. La chica que me vendió las papas tenía cara de estar exhausta, supongo que por estar todo el día de pie en ese espacio de 2x1 y con el vapor en la cara. Salí caminando lentamente otra vez, y pensé en exhibir mi libertad ante todas esas personas que comen en el Doggis y el McDonalds, cabeza gacha, apuradas por volver a la oficina, ansiosas por la iluminación excesiva y los ruidos de las pantallas. Y en todos los locales por los que pasé, no sólo los de comida, sino también las farmacias, las zapaterías y los bancos, la gente estaba con las mismas caras. Unos apurados, sin siquiera saber lo que hacían o comían; otros con la mirada perdida, inmóviles, estresados del puro aburrimiento. Nadie disfrutando realmente de ese momento. Igual era un día bonito para ser Valdivia, es una linda ciudad, apacible y sin tanta gente, no hay cómo estresarse aquí, creo yo. ¿Por qué la gente es así?

Pero pasando por fuera de la farmacia Salcobrand, antes de llegar a Taboada, escuché una linda música. No era ese sujeto patético que canta karaokes cristianos y finge estar ciego. Era una mujer, de unos 35 años, toda chascona y con chaleco y falda de lana, con una guitarra de palo y cantando a todo pulmón a la Violeta Parra. A la antigua. Para olvidarme de ti, voy a cultivar la tierra... Tuve que pararme a escucharla. El sol salió de golpe, por fin, después de tanto rato de oscuridad, y el brillo se reflejó en la guitarra y me dio en la cara. Riendo cerré los ojos, y me di cuenta que hace mucho, pero mucho tiempo que no me sonreía así. Pasaban viejas apuradas y le tiraban monedas al gorrito que estaba a sus pies, otros chicos hipsters se las dejaban y le aplaudían al pasar, y la mujer le sonreía a todo el mundo, y cantaba y cantaba... si me quieres mucho, poquito o nada, tranquilo queda mi corazón. Saqué una moneda de mi bolsillo y se la dejé; después me di cuenta que era la de $500 y no la de $100, y no me importó. ¡Muchas gracias joven!, me dijo, le devolví la sonrisa y me alejé. Y más allá había una pareja, sentados sobre una manta en el suelo, con un montón de trozos de cobre en forma de huesitos, y un cartel que decía "Grabamos el nombre de su mascota - $1000 - En sólo 1 minuto". El hombre martillaba sobre un tarro, y la mujer charlaba con unas señoras que andaban con un perrito. Y un poco más allá estaba un hombre con una de esas máquinas para hacer copias de llaves, que se tomaba un café y conversaba con el sujeto que vendía revistas al lado de él. Al otro lado de la calle, en la plaza, el lustrabotas reía a carcajadas con el grupo de viejos que lo rodeaba, mientras le lustraba los zapatos a uno de ellos. Y un poco más allá, el hombre del acordeón hacía que todo se moviera al mismo compás. Recordé cuando alguien me dijo que cuando el hombre del acordeón dejara de tocar esta ciudad se iba a congelar. Creo que tenía razón. Y me acordé también de lo que había escrito la Xani en su blog sobre el niño Azul y su vida totalmente artesanal.

Y me sentí tan charcha con mi certificado de universidad recién fotocopiado en el bolso, y no pude evitar una sensación extraña, como de angustia, como de haber estado siguiendo la corriente por mucho tiempo, como de mediocridad, como de inautenticidad. Y sentí pánico ante la idea de verme en el futuro como esas personas que había visto antes: rutinario, fome, obligado. Sentí que el tiempo había pasado demasiado rápido, que todo había sido muy correcto, que podía haberlo disfrutado mucho más, haberme equivocado más, haberlo aprendido todo de nuevo si era necesario. Pero después pensé que era mejor olvidarlo, que todo pasa por algo. Que ya no hay vuelta atrás y no tiene sentido sufrir por lo que no fue, y que la mejor lección de esto es no dejar nada sin hacer de aquí en adelante nomás. Que de una u otra forma, siempre puedo llenar mis días futuros de risas y experiencias nuevas con mi quehacer. Que por último no es una disciplina cualquiera la que aprendí, que esta sí me permite obrar así, como si fuera un arte y oficio. Como lo que hacen todos esos artistas y artesanos. No será el trabajo ideal para ellos y sus condiciones pueden ser bastante malas a veces, mal que mal están impulsados por la necesidad, igual que todos. Pero mis respetos van a ellos porque creo que ellos satisfacen otra necesidad más profunda aún: la necesidad de significado. Esa es la clave para no amargarme más de lo que ya estoy.

27/04/12

O vivir o contar


He pensado lo siguiente: para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente: el hombre es siempre un narrador de historias, vive rodeado de sus historias y de las ajenas, y trata de vivir su vida como si la contara.

Pero hay que escoger: o vivir o contar.

Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, es todo. Nunca hay comienzos. Los días se añaden a los días sin ton ni son, en una suma interminable y monótona. De vez en cuando se saca un resultado parcial, y uno dice: "hace tres años que viajo, hace tres años que estoy en Bouville". Tampoco hay fin: nunca nos abandonamos de una vez a una mujer, a un amigo, a una ciudad. Y además, todo se parece: Shangai, Moscú, Argel, al cabo de quince días son iguales. Por momentos, rara vez, se hace el balance, uno advierte que está pegado a una mujer, que se ha metido en una historia sucia. Dura lo que un relámpago. Después de esto, empieza de nuevo el desfile, prosigue la suma de horas y días. Lunes, martes, miércoles. Abril, mayo, junio...

Esto es vivir. Pero al contar la vida, todo cambia. Sólo que es un cambio que nadie nota. La prueba es que se habla de historias verdaderas. Como si pudiera haber historias verdaderas. Los acontecimientos se producen en un sentido, y nosotros los contamos en sentido inverso. En apariencia se empieza por el comienzo: "Era una hermosa noche de otoño. Yo trabajaba como notario en Marommes". Y en realidad se ha empezado por el fin. El fin está allí, invisible y presente; es el que da a esas pocas palabras la pompa y el valor de un comienzo. "Estaba paseando, había salido del pueblo sin darme cuenta; pensaba en mis dificultades económicas". Esta frase, tomada simplemente por lo que es, quiere decir que el tipo estaba absorbido, taciturno, a mil leguas de una aventura, precisamente con esa clase de humor en que uno deja pasar los acontecimientos sin verlos. Pero ahí está el fin que lo transforma todo. Para nosotros el tipo ya es el héroe de la historia. Su taciturnidad, sus dificultades económicas son más preciosas que las nuestras: están dotadas por la luz de las pasiones futuras. Y el relato prosigue al revés: los instantes han cesado de apilarse a la buena de Dios unos sobre otros, el fin de la historia los atrae, los atrapa, y a su vez cada uno de ellos atrae al instante que lo precede. "Era de noche, la calle estaba desierta". La frase cae negligentemente, parece superflua, pero no nos dejamos engañar y la ponemos a un lado; es un dato cuyo valor comprenderemos después. Y sentimos que el héroe ha vivido todos los detalles de esa noche como anunciaciones, como promesas, y que sólo vivía las promesas, ciego y sordo a todo lo que no anunciara esta aventura. Olvidamos que el porvenir todavía no estaba allí; el individuo paseaba en una noche sin presagios, que le ofrecía en desorden sus riquezas monótonas; el no escogía.

He querido que los momentos de mi vida se sucedieran y ordenaran como los de una vida recordada. Tanto valdría querer agarrar al tiempo por la cola.

(J. P. Sartre, "La Náusea")

"Era él, era yo"

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Hermano del medio, terapia ocupacional, guitarra y temas propios, rebelión y paranoia, existencialismo, pasiones varias, y nada de dinero.